El Cura sin Cabeza
En el popular barrio de San Roque, vagaba una figura que no tenía cabeza y vestía un atuendo de cura. Recorría las calles ya bien entrada la noche asustando a la gente que quedaba en las calle a esas horas, pero no era nada mas que un pícaro religioso que acomodaba su atuendo por encima de su cabeza cubriéndola por completo para que todos se asustaran y nadie lo reconociera cuando visitaba a sus amantes en dicho barrio.
El Farol de la Viuda
Esta leyenda se suscitaba en el barrio de El Vado. Un figura femenina con el rostro cubierto y supuestamente demacrado que solo se hacia notar por las noches cargando un farol que rompía con la oscuridad. Se dice que vivía en una casa abandonada en este barrio y que al igual que el cura, usaba este artilugio para espantar a los curiosos mientras tenia sus encuentros amorosos por las noches.
El Cura sin Cabeza
En el popular barrio de San Roque, vagaba una figura que no tenía cabeza y vestía un atuendo de cura. Recorría las calles ya bien entrada la noche asustando a la gente que quedaba en las calle a esas horas, pero no era nada mas que un pícaro religioso que acomodaba su atuendo por encima de su cabeza cubriéndola por completo para que todos se asustaran y nadie lo reconociera cuando visitaba a sus amantes en dicho barrio.
El Farol de la Viuda
Esta leyenda se suscitaba en el barrio de El Vado. Un figura femenina con el rostro cubierto y supuestamente demacrado que solo se hacia notar por las noches cargando un farol que rompía con la oscuridad. Se dice que vivía en una casa abandonada en este barrio y que al igual que el cura, usaba este artilugio para espantar a los curiosos mientras tenia sus encuentros amorosos por las noches.
La Piedra Encantada
Esta leyenda cuenta que en el Barrio Obrero había una gran piedra que obstaculizaba el paso a una parte de la ciudad que era considerada alejada, oscura y pantanosa. Esta piedra encantada tenía el poder de conceder el deseo que uno quisiese, sea dinero, amor, trabajo, bienes materiales o capitalizar venganzas. La piedra no hablaba con nadie y nadie escribía sobre ella. Decían que tenía memoria y que todo lo almacenaba en su interior. Además tenia el poder para castigar a los niños que eran desobedientes con sus padres por lo cual era de respeto por los traviesos menores de edad.
Los adultos mantenían esta leyenda para mantener alejado a los niños de este sitio por tratarse un lugar para encuentros amorosos.